La sonrisa de la salamanquesa

Esta entrada participa en el Primer Biocarnaval de Verano, en la sección de biofotografía organizada por Raven en Micro Gaia.

Foto: Tarentola mauritanica o salamanquesa común; la que todos hemos visto al menos unas miles de veces en nuestras fachadas cuando se acerca la hora azul.


Tarentola mauritanica

Tarentola mauritanica (clic en la imagen para ampliar)

Hace 200 m.a. eran los abuelos de esta adorable salamanquesa común los que presionaban a los nuestros bajo sus temibles garras. Mucho ha pasado desde entonces para la vida (para las rocas apenas un suspiro) y esos antepasados han tenido que tomar formas peculiares, atípicas y reducidas o bien han tenido que desvincularse de la inmensa mayoría de las características fenotípicas de sus ancestros para evitar la extinción; ya sabes lo que se dice: renovarse o morir. Sí, habrán perdido esos colmillos capaces de espetar a un ser humano y podremos mirarlos por encima de su cintura pectoral señalándolos con el dedo y diciendo “ya no jugáis en primera división diápsidos”, pero este pequeño sauropsido que sale en la foto, descendiente de esos ancestrales e inmensos amasijos de carbono, a pesar de no poder pronunciar palabra y ni siquiera  levantarse un palmo del suelo, es el resultado de la adaptación a su ambiente con sus ventajas y sus inconvenientes durante más años de los que la humanidad se considera como tal, lo que le ha permitido dominar las fuerzas de Van Der Waals y caminar por las paredes mucho antes de que a Peter Parker la picara una araña radiactiva cuando aún estaba en la cabeza de Stan Lee. Pero… ¿qué más da? nosotros en mucho menos tiempo hemos incorporado a nuestra cadena trófica a casi todos los animales y a un buen puñado de ellos los hemos desterrado para siempre del planeta por ser incapaces de soportar la presión de nuestro excepcional raciocinio, hemos creamos edificios más altos que árboles, ensartamos ballenas sin el menor esfuerzo y estamos en todas las tierras emergidas: no hay quien nos arrebate la supremacía; Somos los tiranos hegemónicos de la vida sólo vulnerables a alguna catástrofe natural o alguna bacteria o virus con delirios de grandeza. Es entonces cuando me fijo en la pequeña salamanquesa; no hablará, pero en su rostro moldeado para sobrevivir contemplo asombrado un atisbo de expresión facial, una sutil sonrisa que pasa casi inadvertida, y no me extraña; en gran parte, le recordamos a sus abuelos.

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2 Responses to “La sonrisa de la salamanquesa”

  1. muy buena estaba buscando informacion sobre la salamanquesa tarantola mauritanica y la di click a esto pero fue una buena lectura

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    • Hola jesusramos, me alegra que te haya gustado, tan sólo espero que después de la lectura acabases encontrando la información que buscabas :)
      Un saludo! y gracias por tu comentario!

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